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Los hisopos de Rigoberto

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Dibujos de Agostina Dánae Rigoberto jugó más de la cuenta en el río. —Elefantito travieso. Te va a doler la panza, el agua está muy fría —y la mamá lo hizo salir. Rigoberto tiritaba, tenía las orejotas heladas y su trompa estaba amoratada de tanto frío. La mamá le dio la leche mientras sus tías y su abuela lo rodeaban para darle calor. Así su pancita se entibió y la trompa empezaba   a recuperar su color. Pero sus orejotas todavía estaban frías, le había quedado agua en los oídos. Rigoberto no dijo nada por el temor a la catarata de retos, advertencias y consejos que las elefantas solían darle cuando hacía alguna travesura. Le dolían los oídos y no quería todo ese bla, bla, bla sin parar de las elefantas, todas al mismo tiempo. El pequeño elefantito pasó mal la noche, los oídos le fastidiaban cada vez más. Quería rascarse y sacar esa molestia, pero no sabía cómo hacer. Así llegó la mañana con Rigoberto fastidioso y mal dormido.   Mientras su familia se...

La joya lírica

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Las luces no le permiten ver más allá de la primera fila. Le llegan fervorosos los aplausos. Llora, alguien pensará que es por la emoción del momento; es mucho más que eso, es un logro resultante de mil batallas. Sólo ella sabe cuántos pasos debió impulsar para no replegarse.   Como aquella vez que se dirimía un primer puesto y no recibió ningún aplauso, simplemente porque se enternecieron con su contrincante de tres años de edad… Pero ella tenía siete, era suficientemente pequeña para necesitar un aliento y sobradamente sensible para padecer tamaño desprecio. Fue entonces cuando comenzó a cantar en el patio, entre las plantas, con sus mascotas como improvisado público. Pero allí estaba su padre, eximio sabedor de desprecios. “ Si cantás así los vecinos van a pensar que sos tarada” El peso fue inmenso y el lastre dejó surcos de vaivenes entre los sueños y el miedo. De su madre recibía estímulos, sin embargo, eso le causaba dudas… “¿Qué puede entender mamá si no sabe nada...