Absorción meditativa
Ya era el quinto país que recorría. Lugares tan diversos como Bangladesh, Tíbet, Filipinas o Japón se le hacían familiares. Realmente aquel invento era impresionante. El muchacho, completamente mudo por un severo accidente, había aceptado el reto: viajaría con el nuevo dispositivo experimental de absorción meditativa y se comunicaría únicamente por medio de éste. El nuevo dispositivo se le implantó debajo del cuero cabelludo. Los “interlocutores” recibían una especie de reloj que emitía las ondas hacia el cerebro. La gente quedaba fascinada al entender aquello que Damián quería expresar. El joven visualizaba en su mente lo que necesitaba comunicar y su interlocutor materializaba en la suya el elemento en cuestión. Así no tuvo problemas para alojarse, comer y pasear por lugares turísticos. La prueba pasó su primera fase de manera exitosa. Quedaba cumplimentar la concreción de “conversaciones”, lo que le daba nombre al experimento: la absorción de las ideas como en una me...