I El colectivo quedó semivacío cuando bajaron los pibes. Se apuran por dejar sus mochilas para salir, tras la merienda, a la calle que se llena de chicos y chicas de todas las edades. Es que el barrio no tiene plaza ni club, viéndose los niños obligados a improvisar en las veredas sus juegos y a utilizar la calle como cancha de fútbol. Esa tarde invernal estaba particularmente fría y los pibes estaban tristes porque el tucumano les había confiscado su tercera pelota (pelota que traspasaba la reja, pelota que no era devuelta). Algunos volvieron a sus casas, Julián, su primo Leo y Matías no se resignaban a dejar de jugar un “veinticinco”. Se sentaron en el cordón de la vereda a masticar su rabia, ninguno hablaba, los tres, con la cabeza gacha y los codos sobre las rodillas permanecieron así un buen tiempo. De pronto, el inconfundible rebote de una pelota hizo vibrar sus corazones. — ¿De dónde la sacaste?— preguntó Julián emocionado. —Me la regaló mi tío— contes...
Alex giraba solo en el patio trasero. Era lo único que lo calmaba cuando sus hermanos peleaban o gritaban. No podía interactuar con ellos. A sus cinco años no había emitido ninguna palabra, ni compartido un juego, ni mirado a los ojos a su madre. Los ruidos de la casa lo atormentaban y él corría a refugiarse como pasajero de un trencito de juguete en un giro interminable. Había que esperarlo, si trataban de tocarlo era peor, solo los giros lo apaciguaban. Marta se asomó para ver si su hijo aminoraba la marcha, eso sería señal de que se iba calmando. Por entre las ligustrinas se veía la llegada de una familia que se instalaba en la casa lindera. “Hermanos del altiplano por todos lados” dijo con desprecio. Su marido se levantó y miró con disgusto a los nuevos vecinos. Alex giraba y giraba. Del otro lado del cerco un niñito de unos siete u ocho años lo observaba tímidamente. Se atrevió a llamarlo, pero Alex no le contestó. Siguió dando vueltas en ronda ...
Solidez de tierra y fuego en manos laboriosas del artista que trabaja. Avivará las llamas, cocerá paciente su obra dedicada. El tiempo justo, sagrado espacio para forjarla. Bajarán los vientos desde las cumbres nevadas para encontrar en un resquicio los mágicos sonidos de los hijos de la Pacha. Fluye agua cantarina, la música de la vida en sonora danza. 5ta. Mención en el 2do Concurso Shincal, homenaje a los pueblos originarios (2020) Para conocer sobre el caracter sagrado de las vasijas silbadoras: Para conocer un poco más: https://www.nuestra16.info/instrumentos-musicales-abor%C3%ADgenes-vasijas-silbadoras/
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